Leyendas de Teruel

    El Andador Infame: Justicia en la Teruel Medieval

    Cuando el paje del heredero al trono cometió un crimen atroz, el juez de Teruel no dudó: la ley está por encima de cualquier título o privilegio.

    8 min lectura·Adrián Collados Zayas

    La llegada del infante a Teruel

    En el año 1318, la villa de Teruel albergó a un visitante tan ilustre como controvertido: el infante don Jaime, primogénito del rey Jaime II y heredero al trono de Aragón. Este breve episodio marcó un capítulo oscuro y también ejemplar en la historia de Teruel, donde la ley se enfrentó al poder y triunfó.

    Don Jaime llegó a la villa aquejado de unas fiebres malignas y se alojó en el Palacio Real, situado en el corazón de la ciudad. Aunque su presencia podría haber sido motivo de orgullo, los habitantes de Teruel no se mostraban entusiasmados. Era bien conocida la reputación del infante como un hombre dado a los excesos y los placeres.

    Un crimen imperdonable

    Entre los acompañantes del infante se encontraba su andador, un paje tan crápula como su señor, quien abusaba de su posición para cometer desmanes. Un día, este hombre fijó su mirada en una joven de la calle del Pozo, conocida por su belleza y virtud. A pesar de sus intentos por conquistarla con palabras, la joven rechazó firmemente sus avances.

    Herido en su orgullo, el andador recurrió a la fuerza para consumar un acto atroz: la violación de la muchacha. Pero este crimen no quedaría impune.

    Los Amantes de Teruel — Portada

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    La valentía de un juez justo

    La joven, llena de valor, acudió al juez de Teruel, don Jaime Pérez «el Menor», quien impartía justicia frente a la iglesia de Santa María. Con lágrimas en los ojos, relató lo sucedido y pidió que su agresor fuera castigado.

    A pesar de las presiones del infante don Jaime, que buscaba proteger a su andador, el juez demostró una integridad inquebrantable. Recordó al infante que, según el Fuero de Teruel, él tenía la autoridad única para administrar justicia en la villa. Finalmente, con el apoyo del mayordomo del infante, un hombre cabal, el culpable fue entregado a la justicia.

    Un castigo ejemplar

    El andador fue juzgado de acuerdo con las leyes de la villa y condenado a la horca. Su ejecución tuvo lugar en la plaza del Mercado, donde su cuerpo colgó como advertencia para todos aquellos que pensaran estar por encima de la ley.

    Tras este episodio, el infante don Jaime abandonó Teruel, avergonzado y sobrecogido por la firmeza de un juez que no temía desafiar al poder.

    El Fuero de Teruel

    El Fuero de Teruel otorgaba al juez de la villa autoridad absoluta en materia de justicia, por encima incluso de la nobleza y la realeza. Esta ley medieval fue clave para proteger a los habitantes frente a los abusos del poder.

    La lección de la historia

    El «andador infame» es una historia que nos recuerda la importancia de la justicia y el valor de quienes la defienden. En una época marcada por el abuso de poder, don Jaime Pérez se alzó como un símbolo de integridad, demostrando que la ley está por encima de cualquier título o privilegio.

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