El medievo, una época de profundas creencias y temores, no solo se forjó con espadas y castillos, sino también con un imaginario vibrante donde lo real y lo fantástico se entrelazaban sin fronteras claras. La vida en Teruel medieval, una ciudad frontera y cruce de culturas, no fue ajena a esta cosmovisión. Sus gentes, acostumbradas a la lucha y a la convivencia con lo desconocido, proyectaron en su arte, sus relatos y su estructura social esa fascinación por las criaturas que poblaban los bestiarios, esos libros ilustrados que describían animales, tanto reales como míticos, con un fuerte componente moralizante y religioso.
Adentrarse en los bestiarios medievales es asomarse a un espejo del alma de la época: una mezcla de ciencia primigenia, fe inquebrantable y una imaginación desbordante. Para los habitantes de Teruel, estos compendios no eran meros cuentos, sino una forma de entender el cosmos, la virtud y el pecado. ¿Cómo influyeron estas criaturas, desde el sabio elefante hasta el temible dragón, en la vida y el pensamiento de los turolenses? En este viaje exploraremos la profunda huella que dejaron los bestiarios en la cultura y el legado de una ciudad que, aún hoy, conserva ecos de ese mundo prodigioso.