Introducción: El contexto de una España en Reconquista
En los anales de la historia peninsular, pocos enfrentamientos resuenan con la fuerza y el simbolismo de la Batalla del Salado y los aragoneses. Librada en octubre de 1340, esta contienda no fue un mero choque de armas, sino la culminación de siglos de lucha entre reinos cristianos y musulmanes en la península ibérica. Un punto de inflexión que no solo detuvo el avance benimerín desde el norte de África, sino que consolidó la presencia cristiana y redefinió el equilibrio de poder en la región. Pocas veces se ha visto a tantos reinos cristianos unidos frente a un enemigo común, un presagio de la unidad que, si bien tardaría siglos en materializarse plenamente, ya asomaba en el horizonte.
Este artículo se sumerge en la crucial participación de la Corona de Aragón en esta epopeya, un reino con una rica tradición militar y una identidad forjada en la confrontación y la expansión. Desde los valientes almogávares hasta la poderosa infantería y caballería, los aragoneses no solo aportaron un número significativo de efectivos, sino una experiencia táctica incomparable, fruto de décadas de campañas en la Reconquista y en el Mediterráneo. Su contribución fue vital para la victoria y cimentó su prestigio como una potencia militar de primer orden en la Europa de su tiempo.